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POR FALTA DE UN CLAVO DE HERRADURA Por: Elder Eduardo Gavarret Primer Consejero de la Presidencia del Área Sudamérica Noroeste
Cada uno podrá dar una mirada hacia su interior y tal vez encontrar qué es lo que está faltando, cuál es aquel principio que nos está haciendo falta “asegurar”. Luego al identificarlo, debemos actuar y con diligencia y determinación “ajustar el clavo”; guardar ese principio de una manera más profunda
Transcurría el año 1483 y Ricardo III ocupaba el trono inglés en una época de inestabilidad en la que había tenido que defender su corona más de una vez. Este experimentado y veterano militar contaba con un ejército de entre 8000 y 10000 hombres.
En 1485, otro pretendiente al trono inglés, Enrique Tudor, conde de Richmond desafió y enfrentó a Ricardo en la batalla de Bosworth. Él tenía poca experiencia pero contaba con buenos consejeros que incluso habían peleado junto a Ricardo. Su ejército era de unos 5000 hombres.
La mañana de la batalla había llegado y todo indicaba que la victoria sería de Ricardo. Una famosa leyenda, resume los hechos de esa mañana del 22 de agosto de 1485 de la siguiente forma: “El rey Ricardo se preparaba para la batalla de su vida. Un ejército conducido por Enrique conde de Richmond, marchaba contra él. El combate decidiría quién gobernaría Inglaterra.
La mañana de la batalla, Ricardo envió a un mozo a comprobar si su caballo favorito estaba preparado. “Ponle pronto las herraduras -le dijo el palafrenero al herrero-. El rey desea cabalgar al frente de sus tropas”. “Tendrás que esperar -respondió el herrero-. En estos días he herrado a todo el ejercito del rey, y ahora debo conseguir más hierro”. “No puedo esperar- gritó el palafrenero con impaciencia-. Los enemigos del rey avanzan, y debemos enfrentarlos en el campo. Arréglate con lo que tengas.
El herrero puso manos a la obra. Con una barra de hierro hizo cuatro herraduras. Las martilló, las moldeó y las adaptó a los cascos del caballo. Luego empezó a clavarlas. Poco después de clavar tres herraduras, descubrió que no tenía suficientes clavos para la cuarta. “Necesito un par de clavos más -dijo el herrero-, y me llevará un tiempo sacarlos de otro lado.” “Te he dicho que no podía esperar -dijo el palafrenero-. Ya oigo las trompetas. ¿No puedes apañarte con lo que tienes?”
“Puedo poner la herradura, pero no quedará tan firme como las otras -dijo el herrero.” “¿Aguantará? -preguntó el palafrenero.” “Tal vez, pero no puedo asegurártelo” “Pues clávala -exclamó el palafrenero-. Y de prisa, o el rey Ricardo se enfadará con los dos. Los ejércitos chocaron, y Ricardo estaba en lo más fiero del combate. Cabalgaba de aquí para allá, alentando a sus hombres y luchando contra sus enemigos. “¡Adelante, adelante!-gritaba, lanzando a sus tropas contra las líneas de Enrique.”
A lo lejos, del otro lado del campo, vio que algunos hombres retrocedían. Si otros los veían se retirarían. Ricardo espoleó su caballo y galopó hacia la línea rota, ordenando a sus soldados que regresaran a la batalla. Estaba en medio del campo cuando el caballo perdió una herradura, tropezó y rodó y Ricardo cayó al suelo.
Antes que el rey pudiera tomar las riendas, el asustado animal se levantó y echó a correr. Ricardo miró a su derredor. Vio que sus soldados daban media vuelta y huían, y las tropas de Enrique lo rodeaban. Agitó la espada en el aire. “¡Un caballo! -gritó-. ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!
Pero no había ningún caballo para él. Su ejército se había desbandado, y sus tropas solo pensaban en salvarse. Poco después los soldados de Enrique se abalanzaron sobre él, y la batalla terminó.
Y desde esos tiempos, la gente dice: ‘Por falta de un clavo se perdió una herradura, por falta de una herradura, se perdió un caballo, por falta de un caballo, se perdió una batalla, por falta de una batalla, se perdió un reino, y todo por falta de un clavo de herradura’.” 1
En esa batalla se definió el futuro de Inglaterra y de la dinastía Tudor y tradicionalmente marcó el fin del período medieval. Al pensar en esta historia, reflexiono en cuanto a cómo algo tan simple, como un clavo de herradura mal asegurado, llevó a tan trágico resultado.
Podemos comparar este clavo que falta con los principios del evangelio. La falta de éstos y de los valores que los rodean puede alejarnos de la victoria y dejarnos desamparados en el campo de batalla.
¿Será la oración individual o familiar lo que está faltando? ¿Tal vez la lectura diligente de las escrituras? ¿El pago de un diezmo íntegro? ¿El servir a nuestros hermanos ayudándoles a asistir a la Iglesia e ir al Templo? ¿Será la paciencia o el amor crecido?
Cada uno podrá dar una mirada hacia su interior y tal vez encontrar qué es lo que está faltando, cuál es aquel principio que nos está haciendo falta “asegurar”. Luego al identificarlo, debemos actuar y con diligencia y determinación “ajustar el clavo”; guardar ese principio de una manera más profunda.
“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes”. 2
En ese mismo capítulo el apóstol Pablo sugiere los recursos necesarios para prepararnos para la batalla y poder salir bien librados de la misma. En Proverbios se nos enseña: “El caballo se prepara para el día de la batalla, pero de Jehová es la victoria” 3
Que mirando hacia Él y siguiendo la invitación: “Si venid a Cristo y perfeccionaos en Él...” 4 y depositando toda nuestra confianza en nuestro Salvador, el Señor de los Ejércitos, podamos estar preparados y no tropezar en el campo de batalla.
Notas (1) Citado por William J. Bennett - El libro de las Virtudes (2) Efesios 6:12 (3) Proverbios 21:31 (4) Moroni 10:32-33 |