Prepara tu corazón


De los Setenta

Sabes seguir instrucciones? Ha sido una de esas preguntas aparentemente intrascendentes que hace algunos años recibí a través de una encuesta. Viene al caso cada vez que intento hacer funcionar algo, apartándome del manual. Es un mecanismo automático que apela, tal vez, a experiencias previas. Tiene que ver, probablemente, con la “respuesta instantánea” a la que nos hemos estado acostumbrado por la inmediatez, y que deja de lado instrucciones que por sencillas, parecerían obvias. Luego, con un poco de frustración y mucho de pena, la necesidad de retomar, desde el primer paso, la búsqueda del entendimiento de “¿qué dice el manual?” Interrogante que reiteradamente escuché de una Autoridad General, en una lección inspiradora.

Ya en el Libro de Mormón impresiona la reflexión de Nefi, quien luego del homenaje a sus buenos padres, recibe instrucción en “toda la ciencia” de su progenitor, sin lugar a dudas, relacionada con el conocimiento del Dios de los cielos.1

 Esta es la clase de conocimiento que lo lleva a ser uno de los grandes constructores de los barcos de salvación que Jesús otorga. “Y aconteció que el Señor me habló, diciendo: Construirás un barco, según la manera que te mostraré, para que yo lleve a tu pueblo a través de estas aguas”2

¿Imaginemos qué hubiera sido del pueblo de Nefi si él no hubiera seguido la voz del Maestro? Podemos identificar claramente en las escrituras el modelo de preguntar con toda la fuerza del corazón y con la convicción de recibir de lo alto, por vía de mandamiento, la promesa del regreso a Su presencia: “De cierto, de cierto te digo, bendito eres por lo que has hecho; porque me has consultado, y he aquí, cuantas veces lo has hecho, has recibido instrucción de mi Espíritu. De lo contrario, no habrías llegado al lugar donde ahora estás”.3 (Cursiva agregada).

“Y además, os digo que os doy un mandamiento nuevo para que entendáis mi voluntad concerniente a vosotros; o en otras palabras, os doy instrucciones en cuanto a la manera de conduciros delante de mí, a fin de que se torne para vuestra salvación.4

En el hermoso libro de los Proverbios leemos: “Aférrate a la instrucción; no la dejes; guárdala, porque ella es tu vida”.5

Profetas para guiarnos

De todos es conocida la historia de Naaman en el Antiguo Testamento, cuando rechaza la instrucción del profeta Eliseo, pero después cede y se sumerge en el Jordán para finalmente ser sanado.6

¡Demasiado sencillas las indicaciones! Pensó que eran innecesarias y por tanto podía obviarlas! La experiencia de Naaman nos hace reflexionar en la bendición de tener profetas en esta época, “porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca”.7

Y esa fe y paciencia son las que nos llevan a una sagrada responsabilidad de participar en la Obra, como bien lo expresa el Presidente Gordon B. Hinckley: “Hay hambre en la tierra y una sed genuina: una gran hambre de la palabra del Señor y una insatisfecha sed por las cosas del Espíritu… El mundo tiene hambre de alimento espiritual, y nosotros tenemos la obligación y la oportunidad de nutrir el alma”.8

Otro efecto benefactor es el de estar preparados para las tormentas y tempestades de la vida. Desde el comienzo de nuestra historia terrenal hemos sido protegidos como lo enseña el Élder David A. Bednar: “También somos bendecidos con señales espirituales tempranas de advertencia como una fuente de protección y dirección en nuestra vida. Recuerden como Dios le advirtió a Noé de cosas aún no vistas, y este “preparó el arca para que su casa se salvase”.9

Podríamos mencionar infinidad de ejemplos de esas señales espirituales en las escrituras, como el de Moisés cuando abandonó Egipto y fueron salvados del ejército con mar dividido a su paso; Lehi cuando fue advertido para salir de Jerusalén y sacar a su familia al desierto; la protección angelical para salvar al niño Jesús de la persecución de Herodes. Estos versículos presentan un extraordinario patrón de instrucción para beneficio y bendición, al cual debemos estar atentos en todos los tiempos.

El Élder Dallin H. Oaks define la adquisición de conocimiento como “un asunto de toda la vida y de naturaleza sagrada, que complace a nuestro Padre Celestial y que Sus siervos apoyan”. “Un Santo de los Últimos Días instruido debe tratar de entender los asuntos religiosos, físicos, sociales y políticos importantes de actualidad. Cuanto más conocimiento tengamos de las leyes celestiales y de las cosas terrenales, mayor será la influencia que tendremos para el bien en la vida de quienes nos rodean y estaremos más protegidos de los influjos difamatorios y malignos que puedan confundirnos y destruirnos.”10

Podemos apreciar la magnitud de la promesa: Sin confusión en un mundo cada vez más caótico y sin destrucción -de regreso sanos y salvos, a la Casa de donde venimos.

El Presidente Thomas S. Monson ha dicho: “Para quienes busquen con humildad, no será necesario tropezar ni flaquear en el camino que conduce a la verdad, ya que está bien señalado por nuestro Padre Celestial. Primero, debemos tener el deseo de saber por nosotros mismos. Debemos estudiar y orar. Debemos hacer la voluntad del Padre. Y entonces conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres (Juan 8:32). El favor divino asistirá a quienes los procuren con humildad.”11

Que el Señor nos bendiga para que podamos, como instruye Doctrina y Convenios 132:3, preparar el “corazón para recibir y obedecer las instrucciones que estoy a punto de darte, porque todos aquellos a quienes se revela esta ley, tienen que obedecerla.

Notas:

1. 1 Nefi 1:1

2. 1 Nefi 17:8

3. D y C 6:14

4. D y C 82:8-9

5. Proverbios 4:13

6. 2 Reyes 5:10

7. D y C 21:5

8. Presidente G. B. Hinckley, Liahona Octubre 98

9. Élder D. A. Bednar, Liahona Mayo 2010

10. Élder D. H. Oaks, Liahona Abril 2009

11 Presidente Thomas S. Monson, Senderos hacia la perfección. Pág. 295