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¿Sostendremos las manos de nuestro Profeta?

Como miembros de la Iglesia, ¿cómo podemos hacer nuestra parte para 'sostener' las manos del profeta?

Aarón y Hur sosteniendo las manos de Moisés para apoyarlo como profeta.
Aarón y Hur sosteniendo las manos de Moisés para apoyarlo como profeta.

Cuando los hijos de Israel entraron en batalla contra sus enemigos en Refidim, Moisés estaba en la cima de una colina y alzó la vara de su autoridad en su mano.

' Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; pero cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec.' (Éxodo 17:11).

Mientras la batalla avanzaba, las manos de Moisés le pesaban, así que Aarón y Hur 'sostenían sus manos, uno de un lado y el otro del otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol' (Éxodo 17:12). El profeta fue sostenido para que los enemigos de los hijos de Israel no podían prevalecer sobre el pueblo de Dios el Altísimo.

El 14 de enero el presidente Russell M. Nelson fue apartado y ordenado el 17º presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Pronto vamos a participar en una asamblea solemne donde vamos a indicar por la mano levantada nuestra voluntad, como Aarón y Hur, apoyar y sostener el profeta de Dios en la tierra.

Pero como miembros de la Iglesia, ¿cómo podemos hacer nuestra parte para 'sostener' las manos del profeta? El presidente Joseph F. Smith explicó, “Los santos que sostienen a las autoridades de la Iglesia tienen sobre sí el importante deber de hacerlo no sólo levantando la mano, la mera forma, sino en acción y en verdad' (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith [1998], 211).

Presidente Russell M. Nelson, entonces presidente del quórum de los Doce Apóstoles, señaló que los miembros de la Iglesia no votan por los líderes de la Iglesia, pero tienen el privilegio de sostenerlos. 'Al sostener a los profetas hacemos un compromiso personal de que nos esforzaremos al máximo por defender sus prioridades proféticas. Nuestro sostenimiento es una señal parecida a un juramento de que reconocemos que su llamamiento como profeta es legítimo y de carácter vinculante para con nosotros.'

Él citó entonces al entonces élder George Albert Smith, quien dijo, “La obligación que contraemos al alzar la mano… es sumamente sagrada. No significa que seguiremos adelante callados, dispuestos a que el profeta del Señor dirija esta obra, significa…que lo apoyaremos, que oraremos por él, que defenderemos su buen nombre y que nos esforzaremos por actuar de acuerdo con las instrucciones que el Señor le indique” ('El Sostenimiento de los Profetas', Conferencia general de octubre de 2014).

El Señor promete grandes bendiciones a aquellos que atiendan al consejo de Sus profetas. El día en que la Iglesia se organizó por primera vez, el 6 de abril de 1830, el Señor reveló:

'Por tanto, vosotros, es decir, la iglesia, daréis oído a todas sus palabras y mandamientos que os dará según los reciba, andando delante de mí con toda santidad;

porque recibiréis su palabra con toda fe y paciencia como si viniera de mi propia boca.

Porque si hacéis estas cosas, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros; sí, y Dios el Señor dispersará los poderes de las tinieblas de ante vosotros, y hará sacudirlos cielos para vuestro bien y para la gloria de su nombre.' (D&C 21:4-6).


En un mundo amenazado por hambre de rectitud y hambruna espiritual, se nos ha mandado que sostengamos al profeta. Al obedecer, sostener y declarar la palabra profética, testificamos que tenemos la fe para someternos a la voluntad, la sabiduría y los tiempos del Señor.'

la hermana Carol F. McConkie de la Presidencia General de las mujeres jóvenes

Las escrituras están repletas de ejemplos de las consecuencias que sobrevendrán quienes eligen obedecer o ignorar las palabras de Sus siervos escogidos. En la Biblia, el Señor instruye al profeta Elías para ir a Sarepta durante una época de hambre, donde encontrará una viuda a quien Dios había mandado para sostenerle. Cuando Elías se le encuentra, él le dice, 'Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano”.

'Y ella respondió: Vive Jehová, Dios tuyo, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja y un poco de aceite en una vasija; y he aquí que ahora recogía dos leños para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos y nos muramos.'

“Y Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho' y, a continuación, promete, 'así ha dicho Jehová, Dios de Israel: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá' (1 Reyes 17:11-14).

'El Señor dio a la viuda la oportunidad de elegir creer y obedecer las palabras del profeta', la hermana Carol F. McConkie de la Presidencia General de las mujeres jóvenes, explicó. 'En un mundo amenazado por hambre de rectitud y hambruna espiritual, se nos ha mandado que sostengamos al profeta. Al obedecer, sostener y declarar la palabra profética, testificamos que tenemos la fe para someternos a la voluntad, la sabiduría y los tiempos del Señor.'

“A veces el consejo del profeta puede parecer irracional, inconveniente e incómodo”, la hermana McConkie continuó. 'De acuerdo con las normas del mundo, seguir al profeta puede ser poco popular, políticamente incorrecto o socialmente inaceptable. Pero seguir al profeta es siempre lo correcto. ´Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos´ (Isaías 55:9)' ('Vivir de acuerdo con las Palabras de los Profetas', Conferencia General de octubre de 2014).

Para la viuda de Sarepta, obediencia a Elías salvó la vida de ella y su hijo. Como se le prometió, 'comieron él, y ella y su casa durante muchos días… conforme a la palabra que Jehová había dicho por medio de Elías' (1 Reyes 17:15-16).

El presidente Harold B. Lee, entonces miembro de la Primera Presidencia, citó el ejemplo de Moisés, parado encima de la colina en Refidim y dijo: 'Las manos del presidente de la Iglesia pueden cansarse. A veces tienden a decaer debido a sus grandes responsabilidades; pero mientras levantamos sus manos (D&C 81:5), y mientras líderamos bajo su dirección, a Su lado, las puertas del infierno no prevalecerán contra vosotros ni contra Israel (D&C 21:6). Su seguridad y la nuestra dependen de si seguimos o no a los que el Señor ha puesto para presidir a su Iglesia. Él sabe a quién quiere para presidir esta Iglesia, y no se equivocará. El Señor no hace las cosas por accidente. Él nunca ha hecho nada accidentalmente.'

'Estemos atentos al presidente de la Iglesia y sostengamos sus manos' (Informe en la Conferencia, 18 de octubre de 1970).


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