El libro de Mormón, la guerra y yo

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    Élder Enrique Falabella, Presidente del Área

    Desde que el hombre fue puesto sobre la tierra, la guerra ha sido parte de nuestras vidas. Algunas guerras atentan contra nuestra “vida temporal” y otras, contra “nuestra eternidad”. Satanás intentó destruir la eternidad de Adán y Eva. Caín destruyó la vida temporal de su hermano Abel. Ambas guerras han sido y siguen siendo parte de nuestra experiencia terrenal.

    Si hoy en día fuésemos enlistados para ir a la guerra que amenaza nuestra vida temporal, nos vestiríamos con chalecos antibalas, con cascos para proteger nuestra cabeza, con botas que nos ayuden a avanzar en todo terreno y, por supuesto, con las armas adecuadas para enfrentar al enemigo. No iríamos a la guerra desprotegidos, porque eso significaría entregar fácilmente nuestras vidas.

    Posiblemente nunca seamos partícipes de una guerra real que amenace nuestra vida temporal, pero sí libramos todos los días una guerra que amenaza nuestra eternidad. Lo irónico es que, en esta guerra espiritual que todos libramos, muchas veces estamos totalmente desprotegidos. 

    El apóstol Pablo dijo a los efesios:

    “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes”1.

    Si somos sabios, nuestro armamento y vestimenta para esta guerra “espiritual” sería mucho más poderoso que aquel que usaríamos para una guerra que atente contra nuestra vida “temporal”.

    ¿Cómo podríamos “comprar sin dinero” esa vestimenta tan indispensable?

    El Libro de Mormón nos enseña cómo lograrlo. En la introducción de este libro leemos con qué propósito fue escrito: 

    “… para que conozcan los convenios del Señor… y para convencer… de que Jesús es el Cristo, el Eterno Dios”.

    El Libro de Mormón resulta entonces un elemento indispensable en nuestra preparación para la guerra “contra principados, potestades y los gobernadores de las tinieblas”. El Plan de Salvación y Jesucristo es el mensaje del Libro de Mormón. No hay Plan de Salvación sin Jesucristo, y no hay vida eterna sin arrepentimiento, porque es por ese medio que llegamos a Cristo.

    El presidente Russell M. Nelson, durante la Conferencia General de abril 2019, en la sesión del sacerdocio, dijo en cuanto al arrepentimiento:

    “Recientemente he sentido un particular interés en la instrucción del Señor dada mediante el profeta José Smith: ‘No prediquéis sino el arrepentimiento a esta generación…2. ¿Todos tienen necesidad de arrepentirse? La respuesta es sí. Demasiadas personas consideran el arrepentimiento como un castigo, algo que debe de evitarse… pero es Satanás quien genera ese sentimiento de castigo’. Nada es más liberador, ni más crucial para nuestro progreso individual que centrarse con regularidad a diario en el arrepentimiento. No es un evento, es un proceso, es la clave de la felicidad y la paz interior”.

    Así que, el arrepentimiento es una vestimenta preciada en la guerra que enfrentamos.

    El Libro de Mormón relata la historia de un pueblo que entendió el verdadero significado del arrepentimiento. Cuando miles de lamanitas fueron convertidos a Cristo, hicieron un cambio completo en su manera de pensar, de sentir y de actuar. Fue el pueblo que se denominó a sí mismo “anti-Nefi-Lehitas”3. El Libro de Mormón relata que “cuántos creyeron… y fueron convertidos al Señor, nunca más se desviaron… se convirtieron en un pueblo justo; abandonaron las armas de su rebelión”4.

    Como una muestra de su conversión a Cristo, tomaron la decisión de enterrar sus armas “profundamente en la tierra”5.

    Junto al arrepentimiento viene entonces la decisión de enterrar profundamente nuestros malos hábitos, pensamientos y acciones. La pregunta es entonces: ¿He experimentado ese gran cambio en el corazón? ¿He sentido el deseo de cantar la canción del amor que redime?6. ¿Qué cosas son las que debo enterrar profundamente?

    Siendo la conversión a Cristo fundamental para vestirnos con el uniforme espiritual que necesitamos en contra de esta guerra, nada mejor que recurrir al Libro de Mormón. 

    El presidente Nelson dijo: 

    “Mis queridos hermanos y hermanas, les prometo que, si cada día estudian el Libro de Mormón con espíritu de oración, cada día tomarán mejores decisiones. Les prometo que cuando mediten en lo que estudien, se abrirán las ventanas de los cielos y recibirán respuestas a sus preguntas y dirección para su vida. Les prometo que, si cada día se sumergen en el Libro de Mormón, estarán vacunados contra los males de esta época, incluso la plaga esclavizante de la pornografía y otras adicciones que entumecen la mente”7.

    Al seguir los preceptos del Libro de Mormón, se alejará de nosotros el deseo de pecar y nacerá en nosotros el deseo de “hacer lo bueno continuamente”8.

    Este es el consejo de un profeta de nuestros días, será emocionante poner a prueba su aseveración de que este libro nos abrirá las ventanas de los cielos y estaremos vacunados en contra de los males de nuestra época. El estudiar, meditar y vivir de acuerdo con las enseñanzas y convenios que este libro brinda nos blindará, protegerá y preparará en contra de la guerra que enfrentamos; nos llenará de gozo, de paz, de conocimiento y, por sobre todas las cosas, nos llenará de un amor profundo para con nuestro Padre Celestial y Su Hijo Jesucristo.