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Dedicación de Sudamérica al Evangelio

Dedicación de Sudamérica al Evangelio

La ceremonia de dedicación se inició a las 07:00 de la mañana entonándose los himnos  “El alba ya rompe”, “Salve a la brillantez del gozo de la mañana de Sión” y  “Un ángel de lo alto”. El Élder Rey L. Pratt leyó del Libro de Mormón, 1 Nefi 13; 2 Nefi 31; y 3 Nefi 21.  El Élder Rulon S. Wells siguió con Génesis 29: 22 al 26, después de lo cual el Élder Malvin J. Ballard ofreció la siguiente oración:

“Padre Nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. En el nombre de Jesucristo, tu Hijo bien amado, nosotros tus siervos, nos acercamos a ti en esta hermosa mañana de Navidad, en este lugar apartado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina Sudamérica,  en una tierra muy distinta de nuestro hogar en las montañas, pero en un país al cual tú has llamado como una parte de la tierra de Sión.

Estamos muy agradecidos por nuestra llegada a salvo, después de un viaje de 21 días sobre los mares, sin un momento de enfermedad. Nosotros reconocemos que Tú atemperaste los elementos para nuestro bien, y que tu cuidado protector ha estado sobre nosotros en nuestros viajes, tanto en tierra como en el mar. Y por la salud y fuerza para obrar por ti y por tu causa.

Estamos muy agradecidos de haber sido escogidos por tu siervo, el Presidente Heber J. Grant, para venir a esta gran tierra de Sudamérica, para abrir la puerta para la predicación del Evangelio a todos los pueblos de las naciones sudamericanas; para buscar la sangre de Israel que ha sido tamizada entre las naciones gentiles, muchas de las cuales, influenciadas por el espíritu de recogimiento, se han congregado en esta tierra.

Pon tu Espíritu en sus corazones, para que puedan recibirnos, como mensajeros verdaderos enviados de Dios, para su salvación.  Ayúdanos a obrar por ellos con el mismo Espíritu en nosotros que tuvo Aquel que amó tanto a los hombres que murió por ellos, que podamos efectivamente “llamar, persuadir e invitar” a los hombres a venir a Cristo.

Te agradecemos por los pocos que nos han recibido y por aquellos por los que tuvimos el gozo de llevar a las aguas del bautismo en esta tierra.  Que puedan ellos ser los primeros frutos de esta gloriosa cosecha.

Rogamos que podamos tener la oportunidad de presentar a la gente el mensaje que Tú nos has enviado a entregar, a saber: Que ángeles enviados por ti, han visitado la tierra en esta Dispensación, trayendo al hombre nuevamente al Evangelio Sempiterno.  Que Juan el Bautista visitó al Profeta José Smith, sobre quién confirió la autoridad para bautizar. Que Pedro, Santiago y Juan lo ordenaron apóstol del Señor Jesucristo y lo invistieron con las llaves del Santo Sacerdocio, con la autoridad para bautizar con fuego y con el Espíritu Santo y para organizar la Iglesia de Jesucristo nuevamente sobre la tierra.

Y que Moroni, tu antiguo profeta de los americanos, visitó a José Smith y entregó en sus manos las planchas conteniendo una historia de los primeros habitantes de esta tierra.  Y por tu poder, José Smith tradujo los caracteres de las planchas de las cuales obtuvo el Libro de Mormón.

Y que él fue visitado por ti y por tu Hijo amado, quien confió en las manos de José una grande y nueva Dispensación del Evangelio para toda carne. Estamos tan agradecidos de ser los portadores de estas buenas nuevas de gozo para los pueblos de las Naciones Sudamericanas.

Y también rogamos que podamos ver el comienzo del cumplimiento de tus promesas contenidas en el Libro de Mormón para los Lamanitas de estas tierras quienes son descendientes de Lehí, millones de los cuales residen en este país. Ellos han sido oprimidos por tiempo y han sobrellevado aflicciones y sufrido por causa del pecado y la transgresión,  aún como los profetas del Libro de Mormón lo predijeron. 

Pero tú inspiraste a estos profetas que prometieran a  sus descendientes que sacarías a luz, en los últimos días, los registros de sus padres; y que cuando esos registros fueran presentados a sus hijos, ellos  comenzarían a creer y cuando hicieran esto, Tu favor volvería a ellos, y entonces Tú recordarías las promesas hechas a sus padres, que si sus descendientes se arrepintieran y recibieran el Evangelio, comenzarían a ser prosperados y bendecidos sobre la tierra y nuevamente volverían a ser una gente pura y deleitable.

¡Oh! Padre, que tu Espíritu obre sobre ellos y les manifieste la verdad de estas cosas, a ellos como a nosotros y tus siervos que te seguirán, darán testimonio de tus preciosas promesas a esta rama de la Casa de Israel.

Padre, bendice tu Iglesia en toda la tierra; continúa guiando a aquellos a quienes  Tú has llamado para dirigirla con la sabiduría y el poder de llevarla adelante para cumplir  su  gran misión en la tierra. Sostén a tus siervos que trabajan como misioneros en todas partes del mundo, que ellos puedan tener la oportunidad y el poder de advertir a todos los hombres que la hora del juicio se acerca y que Tú has ofrecido a través del Evangelio, un medio de escapar de las calamidades que vendrán sobre toda carne, a menos que se arrepientan.

Recuerda en misericordia la “Esperanza de Israel”, la juventud de tu Iglesia que deberá llevar las responsabilidades del futuro, que ellos puedan mantenerse limpios y puros de los pecados del mundo; que ellos puedan ser hallados dignos de su herencia y llegar a su glorioso destino.  Bendice a aquellos que son sus pastores, los vigías sobre las torres de Sión, que puedan guardar bien el rebaño y ser capaces de alimentar con el pan de vida a las ovejas y los corderos.

Presentamos para tu amable consideración a los miembros de nuestras propias familias, de quienes estamos separados, quienes ahora y en el pasado, han sacrificado mucho para que nosotros podamos llevar el Evangelio a los hijos de los hombres.  Que la salud y la vida alcance a cada uno, y que el buen ánimo que tu Espíritu trae esté con ellos y por sobre todo aléjalos del pecado, y bendícelos con la fe en ti y en tu Evangelio.

Bendice a los presidentes, gobernantes y los líderes de estos países de Sudamérica, que ellos puedan recibirnos amablemente y darnos permiso para abrir las puertas de la salvación a la gente de estas tierras.

Que sean bendecidos al administrar los asuntos de sus varios cargos, que mucho bien pueda llegar al  pueblo; que la paz pueda estar sobre estas naciones que Tú has hecho libres a través de tus bendiciones sobre los valientes libertadores de estas tierras; que la rectitud pueda predominar, y la libertad plena para la predicación de tu Evangelio prevalezca.  Detén el poder del mal para que no triunfe sobre tu Obra sino que todos tus enemigos sean sojuzgados y que tu verdad sea triunfante.

Y ahora, ¡Oh Padre! por la autoridad de la bendición y asignación de tu siervo, el Presidente de la Iglesia y por la autoridad del Santo Apostolado que poseo, doy vuelta a la llave y abro la puerta para la predicación del Evangelio a todas estas naciones sudamericanas y reprendo y ordeno que sea detenido cada poder que se oponga a la predicación del Evangelio en estas tierras.

Y bendecimos y dedicamos estas naciones y esta tierra para la predicación del Evangelio.  Y hacemos todo esto para que la salvación pueda llegar a todo hombre y que tú nombre sea honrado y glorificado en esta parte de la tierra de Sión.

Ayúdanos a traer a los hombres a ti  y  a tu Hijo y apurar el día cuando Él venga a regir como Rey de Reyes y Señor de Señores.  Y por todas tus bendiciones,  las cuales traerán  éxito a nuestras labores, atribuiremos honor y poder y gloria a ti por siempre jamás.  Amén”.

(La oración dedicatoria fue registrada en la Historia de la Misión Sudamericana escrita por los misioneros. Fue traducida al español por el élder Carlos Agüero, Setenta Autoridad del Área Sudamérica Sur, en el año 2000).

Luego de la oración dedicatoria los hermanos cantaron “Loor al Profeta”. Posteriormente cada uno de los élderes habló brevemente sobre sus misiones en el lugar y sobre sus deseos de hacer lo mejor para establecer esta misión y perfeccionar el amor entre ellos y la Obra del Señor. 

Después, se bendijeron mutuamente y sintieron como resultado que al  abrir la misión muchos europeos en esta tierra también podrían  recibir el Evangelio. Sin embargo, era fundamental y de gran importancia predicar a los descendientes lamanitas. Un maravilloso espíritu estuvo presente y fue una mañana llena de emociones. El gozo fue completo y se expresó en lágrimas. 

Los Élderes Ballard y Pratt se mostraron muy agradecidos después de haber tenido una estadía de más de siete meses en Sudamérica. Habían encontrado muchos obstáculos: climas demasiado cálidos y húmedos, caminos casi intransitables por pesadas lluvias, oposición de la prensa, indiferencia de la gente hacia la religión. Pero ninguno de esos obstáculos, ni todos ellos combinados pudieron impedir al Élder Ballard y sus consejeros entregar al Señor un pequeño pero seguro comienzo para su Obra en este gran continente.

Aunque la ceremonia dedicatoria se llevó a cabo en Buenos Aires, Argentina, el contenido y significado de la oración, se refería a todo el continente Sudamericano y a todos sus pueblos y su gente.

Un año después, durante una reunión de testimonios, en Buenos Aires el 4 de julio de 1926, el élder Ballard hizo una profecía, la cual fue registrada por el Élder Vernon Sharp, -misionero en aquel entonces-  en su propio diario en las pags. 83-84:

“La obra del Señor, por un tiempo aquí crecerá lentamente, tal como lo hace un pino desde una semilla.  No aparecerá en un día como lo hace el girasol que crece rápidamente y luego muere. Sino que aquí miles se convertirán a la Iglesia.  Se dividirán en más de una misión y serán una de las más fuertes en la Iglesia.  La obra aquí es la más pequeña de lo que podría ser.  El día vendrá cuando a los Lamanitas en esta tierra se les dará una oportunidad.  La Misión Sudamericana será un poder en la Iglesia.  Y el final no ha llegado todavía.”

Élder James Vernon Sharp, fue uno de los primeros misioneros, a tiempo completo, que llegaron a Sudamérica, específicamente a Argentina el  domingo 8 de junio de 1926.

“La misión se había abierto en esos días  en Sudamérica, con el objetivo inicial de proporcionar ayuda a los miembros alemanes, en razón de que habían tres o cuatro familias alemanas inmigrantes. A pedido de ellos, se les concedió la aprobación.  La mayoría de los miembros hablaban en alemán.  Había también cierta gente que hablaba español, quienes eran investigadores.

Hablando del nacimiento de la Iglesia en Sudamérica, el Hermano Sharp explicó esto cuando dijo lo siguiente: “No podríamos conseguir nada, tratando de predicar el Evangelio en español, a la gente alemana que ha llegado aquí, no siendo miembros de nuestra Iglesia y que no están interesados, o sea que estamos aquí contra una pared de piedra”….se ha decidido que podríamos comenzar con la Escuela Dominical en las casas de los Santos alemanes, pero en español y a la vez invitando a los vecinos en razón de sus niños, la gente joven, parecía estar interesada.  Y así fue, que por medio de la Escuela Dominical nos fue posible comenzar la obra en Sudamérica.”

 La primera conversa de habla hispana, fue la hermana Eladia Sifuentes.  Ella fue bautizada el 6 de junio de 1926, por el hermano Rey L. Pratt en el Río de La Plata. Los comienzos de la Iglesia en Argentina han bendecido grandemente  al Perú, porque muchos de los primeros misioneros y conversos de ese país jugaron luego importantes roles en el nuestro.